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Acercándose el término del ciclo litúrgico, llamado el “Santoral”, la Iglesia que durante el año solo puede honrar determinadamente algunos de sus hijos más preclaros, quiere en la Fiesta de hoy congratularse con todos los millones de almas redimidas con la Sangre del Cordero, ensalzando a aquella “gran muchedumbre que nadie puede contar” (Apocalipsis VII, 9).