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| “Estad siempre prontos a dar razón de la esperanza en que vivís” (1 Pedro III, 15) |
A los fariseos de entonces y a los judíos en general se les acusa no solo de Deicidio sino también de algo mucho peor aún, el de no haber pedido perdón por ello, y por no haber querido cargar con la propia cruz de presentarse ante el mundo como la causa material de tan afrentosa muerte que produjo la Redención con Dios.

