En el Evangelio de hoy Nuestro Señor llama a sus discípulos bienaventurados porque se les ha concedido el poder verlo y escuchar la Palabra de Dios de sus propios labios, y caminar con Él. Muchos profetas y reyes anhelaron esta felicidad, pero no tuvieron esa suerte, ya que murieron antes de que viniera Jesús a la tierra.
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