El encallecimiento del duro corazón de los hombres no se conmueve al oír el tan lastimoso dolor de María:
“Dolorosa y llorosa estás, Virgen María, al pie de la cruz del Señor Jesús, tu Hijo Redentor” (Gradual).
El encallecimiento del duro corazón de los hombres no se conmueve al oír el tan lastimoso dolor de María:
“Dolorosa y llorosa estás, Virgen María, al pie de la cruz del Señor Jesús, tu Hijo Redentor” (Gradual).