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Después de la Ascensión de Nuestro Señor a los cielos, donde está sentado a la diestra de Dios Padre en cuanto Hombre, los Apóstoles vieron desvanecer sus sueños de mesianismo terrenal. Este hecho, sin embargo, no hizo disminuir en nada el convencimiento de los Apóstoles sobre la divinidad de Cristo, como creía ver la Ilustración del siglo XVII.
