Las Sagradas Escrituras parecen indicar que Cristo no reina en la tierra. Pilato le dijo a Jesús: “Tu nación y los pontífices te han entregado” (San Juan XVIII, 35). Un Rey entregado. Los judíos no le dejaban reinar.
Nuestro Señor Jesucristo fue a comer a casa de uno de los principales de los Fariseos en el día de sábado y encontró en medio de ellos, delante de Él, a un hidrópico, o sea, una persona que sufre de hinchazón de agua.