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| “¡Desde el abismo de mi miseria clamé a ti, Señor! ¡Señor, escucha mi oración! ¡Desde el abismo de mi miseria clamé a ti, oh, Señor!” |
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Se quejan de la muerte de sus hijos, pero no tienen misericordia de los hijos de los demás. Se quejan de la muerte de sus inocentes, pero se olvidan de que ellos fueron quienes mataron al Inocente, porque son “los enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es la perdición, cuyo dios es el vientre y cuya gloria es su confusión (Babilonia), teniendo el pensamiento puesto (solo) en lo terreno” (Filipenses III, 18-19).


