La lepra—dice San Agustín—es una mezcla desordenada de verdades y errores. Son leprosos los que no teniendo conocimiento de la verdadera fe admiten las diferentes doctrinas del error.
Hombres como estos son desterrados de los muros de la Iglesia, con el fin de que tal vez cuando estén lejos puedan levantar sus voces y clamar a Cristo por perdón y misericordia.

