En 1925, con la Encíclica Quas Primas, Pío XI instituyó la Fiesta de Cristo Rey, dando la indicación de celebrarla en el último domingo de octubre. Quiso Pío XI poner esta fiesta antes de la fiesta de Todos los Santos, y ya casi finalizando el año litúrgico, como coronación del año litúrgico y también en consonancia con la fiesta del Sagrado Corazón.
En esta encíclica Pío XI recuerda la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús que hiciera León XIII en 1900. La fiesta de Cristo Rey vendría a ser entonces un complemento y una perfección de esta consagración y por eso están íntimamente relacionadas, la devoción al Sagrado Corazón, y la Fiesta de Cristo Rey.

